Con la marea

¿Dónde va a parar la basura que arrojamos al mar?

A lo largo de este mes de octubre, Centinelas Coastwach Cantabria, programa de voluntariado costero que desde 2012 intenta frenar el vertido de basura al Cantábrico y apuesta por la protección y gestión del medio marino en el entorno más cercano, la costa, comienza su campaña de 2016.

Durante 2015, en más de 417 kilómetros de costa, divididos en 835 tramos de 500 metros cada uno, Centinelas Coastwach Cantabria recogió 1.877 envases de plástico, 1.187 tapas y tapones, 819 latas y otros envases metálicos y 737 bolsas de plástico. Además, identificaron 29 vertederos incontrolados y tres tramos de afluente con altas concentraciones de nitrato. Participaron 188 voluntarios y 66 menores que les acompañaban, además de contar con la colaboración de 8 centros educativos, 4 asociaciones, una empresa y un centro penitenciario.

El pasado mes de agosto, durante la fiesta anual infantil que organiza el Real Club Náutico de Castro-Urdiales (Cantabria), se recogieron en un solo día más de 400 kilos de basura arrojada al mar. Y ello en una bahía de unos 600 metros de largo en su rompeolas norte y apenas 500 de ancho hasta el comienzo del muelle de don Luis, que cierra el mar en su extremo.

Son solo dos ejemplos, recientes, de la creciente preocupación por conservar nuestro medio ambiente pero también evidencian que el mar continúa siendo un vertedero sin control. Pero, ¿a dónde va a parar toda esa basura que arrojamos al mar?

Al no ser posible seguir el rastro de cada vertido individual, y menos de los ilegales, en 2015, Greg Shirah y Horace Mitchell, de la NASA, utilizaron los datos recogidos de las miles de boyas que la NOAA norteamericana (National Oceanic and Atmospheric Administration) ha lanzado al mar durante los últimos 35 años para crear una simulación por ordenador que reflejara el viaje de los vertidos a través de los océanos del planeta.

Estas boyas, que recogen mediciones importantes de las propiedades de los océanos, como la temperatura y la salinidad, que los científicos utilizan para la predicción del tiempo, por ejemplo, viajan a merced de las corrientes oceánicas, el viento y la olas como cualquier objeto que flota, como los desperdicios que se arrojan al mar.

El estudio ha desvelado cinco grandes zonas donde los deshechos humanos se acumulan, las denominadas «islas de basura», en su mayoría conformadas por todo tipo de plásticos que no se han degradado. Los autores de la simulación advierten que no se debe pensar en grandes áreas de los mares cubiertas de basura en la superficie fáciles de detectar, porque gran parte de los residuos son piezas pequeñas de plástico que están siempre en movimiento. Como se puede observar en el trabajo de Greg Shirah y Horace Mitchell, el mar Cantábrico no es ajeno a este problema.