Con la marea
Pescado en una pescadería.
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¿Existe fraude en el pescado que se vende en el Cantábrico?

Uno de cada cinco pescados que llegan a las mesas del mundo está mal etiquetado. Esta práctica engaña a los consumidores sobre los productos marinos a la venta para obtener mayores beneficios, produce perjuicios económicos, tiene impacto en la salud humana y afecta a la conservación de las especies y habitats marinos, según un reciente informe de Oceana.

La organización conservacionista ha revisado más de 200 estudios de 55 países en todos los continentes excepto en la Antártida, y ha detectado que el fraude en el pescado está presente en todas las investigaciones, excepto una, y ha presentado un mapa global sobre el fraude en la comercialización de productos marinos en el que también aparece el Cantábrico.

Oceana ha revelado que el pescado está mal etiquetado en toda la cadena del sector: minorista, comercio mayorista, la distribución, la importación-exportación, el envasado y el desembarque, aunque la legislación europea obliga a que todo lo que se vende en la UE esté identificado desde su captura hasta su venta.

“El camino desde que los recursos son extraídos en las embarcaciones hasta nuestras mesa es largo, complejo y carente de transparencia, lleno de oportunidades para cometer fraude o errores en el etiquetado. Los consumidores merecen saber más acerca de los productos, incluyendo qué clase de pescado es, cómo y dónde ha sido capturado, deben poder confiar en la información que se les ofrece. La lucha contra este problema debe incluir toda la cadena”, ha afirmado Beth Lowell, director de campañas de Oceana:

¿Existen fraudes en el pescado que se pone a la venta en el Cantábrico?

La mayor cercanía a nuestros puertos y pescadores, nuestras tradiciones gastronómicas y culturales no siempre nos han protegido de los engaños, llámense mal etiquetado o prácticas más fraudulentas.

Por ello, durante los últimos años han surgido iniciativas para diferenciar el pescado capturado por barcos artesanales con artes tradicionales, con menos de 24 horas entre su captura y puesta a la venta, comercializado en primera venta, fruto de una pesca sostenible y cuidadosa con el medio ambiente, de los productos de otras pesquerías.

También, centros de investigación marina y alimentaria, como AZTI, han estudiado cómo identificar genéticamente la anchoa del Golfo de Vizcaya, lo que permite distinguirla de los ejemplares procedentes de otros lugares, o métodos para detectar en tan solo 24 horas si una conserva contiene de bonito del norte, yellowfin o patudo.

Por todo el Cantábrico encontramos ejemplos del esfuerzo de administraciones, cofradías de pescadores, distribuidores y conserveras que han creado marcas y distintivos que garantizan la calidad del pescado vendido en nuestras Comunidades.

Etiquetas de garantía de la calidad del pescado.

En “Pescado de Rula con Artes Sanos”, los pescadores asturianos etiquetan pescados y mariscos de la mejor calidad uno a uno, permitiendo con ello su trazabilidad desde la lonja hasta la venta al consumidor. Las etiquetas contienen información sobre el nombre del barco, fecha de captura, arte de pesca utilizado, etc. Además cuentan con la impresión de un código QR y una referencia de trazabilidad, que pueden ser consultados con un teléfono móvil o un ordenador.

«Pescalonja. Tradición marinera» identifica los productos del mar desembarcados en las lonjas de las cofradías de pescadores de Castro Urdiales, Colindres, Laredo y Santoña, en Cantabria.

En Euskadi, las marcas de garantía «Bonito del Cantábrico del País Vasco» y “Anchoa de Cantábrico del País Vasco” certifican que el bonito y la anchoa utilizados son de las especies Thunnus Alalunga y Engraulis Encrasicholus respectivamente, de aguas del Cantábrico, que toda su elaboración ha sido realizada con métodos tradicionales en empresas conserveras locales y que reúnen características de la más alta calidad.