Con la marea

No tan cerca, mejor unos pocos metros de más

Llevamos, en el Norte, un mes de octubre con temperaturas superiores a la media, tal como pronosticó AEMET. De hecho, llevamos 13 meses seguidos de una excepcional anomalía, al alza, de la temperatura global en la península. Las previsiones apuntan a que en los primeros días de noviembre llegarán las lluvias y bajarán las temperaturas en el Cantábrico, a que el invierno de todos los años se nos acerca poco a poco. Y con el invierno, tarde o temprano, llegarán los temporales a nuestras costas.

Galicia, por su situación geográfica, es una de las principales vías de entrada a Europa de las borrascas y sistemas frontales formados sobre el Océano Atlántico, la frontera entre las masas de aire frío polar y el aire cálido de origen tropical. En estas áreas de baja presión se generan fuertes vientos y un violento oleaje que constituyen un factor de riesgo en nuestras zonas costeras, donde acaban arribando, con sus efectos sobre las infraestructuras o la población.

El período del año más propicio para los temporales es el comprendido entre los meses de octubre y marzo, si bien en los meses centrales del invierno se los espera con mayor frecuencia.

En el pasado hubo también grandes temporales -podemos mencionar los temporales de 1930, 1965 y 1978 como ejemplos en el Cantábrico-, pero todos tenemos la sensación de que en los últimos años su virulencia y frecuencia han aumentado. Carecemos de datos suficientes para saber si el culpable es el cambio climático. Algunos expertos apuntan a que el nivel del mar durante los últimos 40 años habría subido unos 20 centímetros, y la llegada de temporales con mareas cada vez más altas ha producido escenas desconocidas en la memoria de los habitantes de la costa cantábrica.

A pesar de las medidas de ayuntamientos, gobiernos autonómicos o Costas por delimitar ciertas zonas, no es infrecuente observar en invierno a personas que se acercan al mar teléfono móvil en mano con el deseo de conseguir unas buenas imágenes de las olas rompiendo en la costa o en los espigones de un puerto, o a quienes quieren contemplar más de cerca la hermosa e intimidante furia del mar.

¿Demasiado cerca? Es una decisión personal, pero el vídeo que acompaña estas imágenes, filmado en Portsall (Francia), quizá les haga añadir unos pocos metros más.