Con la marea

Obama y Trudeau blindan el Ártico frente a Trump

Los presidentes de Estados Unidos, Barak Obama, y Canadá, Justin Trudeau, han acordado prohibir las prospecciones de gas y petróleo en una gran parte del océano Ártico, en los mares de Chukchi y de Beaufort, un área de casi medio millón de kilómetros cuadrados.

Además, en el acuerdo, Canadá se compromete a «explorar cómo apoyar y proteger el futuro» del último reducto del hielo (Last Ice Area) donde el hielo marino se mantiene cada verano.

Durante el año pasado, los gobiernos de Estados Unidos y Canadá mantuvieron contactos con los pueblos indígenas, gobiernos provinciales, organizaciones no gubernamentales y empresas para garantizar un ecosistema ártico fuerte. Se comprometieron a que las actividades comerciales se produjeran solo si cumplían estrictos estándares ambientales y de seguridad.

«Hoy, debido a los valores importantes e irremplazables del Ártico para indígenas, nativos de Alaska y comunidades locales, la fauna que lo habita y la investigación científica» y dada «la vulnerabilidad de estos ecosistemas a un derrame de petróleo», aseguran Obama y Trudeau en su comunicado conjunto, «la gran mayoría de las aguas de los Estados Unidos en los mares de Chukchi y Beaufort y las aguas árticas canadienses» quedan indefinidamente cerradas a la extracción de petróleo y gas.

Con esta decisión, Estados Unidos blinda la protección del Ártico y lo hace ante la incertidumbre generada entre las organizaciones ambientalistas por la victoria de Donald Trump.

Obama ha aplicado la Ley de Plataforma Continental Exterior, de 1953, que le confiere potestad para bloquear de forma indefinida perforaciones petroleras y gasísticas en potencia dañinas para hábitats marinos importantes. Según Greenpeace, “esta ley no incluye ninguna provisión para que la decisión pueda ser revocada por presidentes futuros y, de hecho, ningún presidente lo ha hecho hasta el momento”.

La ONG explica que si Donald Trump quisiera dar marcha atrás, tendría que tratar que el Congreso aprobase un nuevo proyecto legislativo que, de manera explícita, volviera a poner estas áreas en juego para la perforación de petróleo y gas. Para ello, «debería pasar una serie de complicados pasos y en primera instancia superar las tácticas dilatorias del Senado».