Con la marea

Pis de ballena, una historia para después del verano

Orinar en el mar es bueno para el ecosistema marino. Así de claro lo dice la American Chemical Society, en un vídeo realizado en 2014 que tiene la virtud de regresar a las revistas náuticas, como la isla Null, cada comienzo del verano. ¿Por qué? Porque alimenta la flora marina.

Por razones obvias hemos preferido esperar a las primeras lluvias del otoño y a los primeros avisos por fenómenos costeros antes de hacernos eco del vídeo. En estas fechas, las playas del Cantábrico ya no están repletas de gente en busca de sol y olas. Apenas nadie se baña en el mar, salvo los sufistas.

La American Chemical Society afirma que la orina es principalmente agua, un 95 por ciento, con pequeñas cantidades de sodio, cloruro y potasio. Y el agua del mar, evidentemente, es agua, aunque presenta mayores concentraciones de sodio, cloruro y potasio. La diferencia: la orina contiene urea, un producto que se produce en nuestro cuerpo cuando las proteínas son metabolizadas y se degradan elementos que tienen nitrógeno.

El Atlántico, por ejemplo, contiene 350 trillones de litros, y, si todos los habitantes del planeta orinasen a la vez en él un día cualquiera, la cantidad de urea que habría en el Atlántico será de apenas 60 partes por trillón, algo insignificante, “una gota en el océano” según la American Chemical Society.

De hecho, para reforzar su tesis, afirma en el vídeo que una sola ballena deja en el mar unos 950 litros de orina diarios.

¿Y a dónde nos lleva todo esto? Aquí: la urea, según la American Chemical Society, no solo no daña los ecosistemas marinos sino que es beneficiosa. Su alta concentración en nitrógeno, elemento que se convierte en amonio en el agua, alimenta y favorece el crecimiento de la flora marina. En consecuencia, de todos los ecosistemas de los océanos.

Por encima de los argumentos científicos de la American Chemical Society queda clara una idea tras la visualización del vídeo. La Humanidad continúa considerando el mar como el gran vertedero donde todo se puede tirar porque desaparece para siempre.

Los océanos llevan millones de años albergando vida y no necesitan nuestra ayuda, no de este tipo. Y quienes disfrutan del mar en una playa del Cantábrico, a nuestro lado, pues tampoco.

Aunque, lamentablemente, una rápida búsqueda en Google da más de medio millón de resultados de defensores de alimentar la vida marina. Algunos -en los comentarios, esa joya de internet- con argumentos definitivos: “Lo hago porque hay mucha agua y no se nota”. Otros, con argumentos difícilmente rebatibles: “¿Tu crees que los peces salen a tierra para mear?”.

Se nos olvidaba, la American Chemical Society recomienda no hacerlo en áreas marinas protegidas como arrecifes o, faltaría más, las piscinas: